Periodismo
Sección 4: Notas en el Tiempo - Archivo enero 1980


Jorge López Ruiz

EE.UU. se vistió de Tango y Folclore

El ex arreglador de Sandro en su regreso al país, luego de grabar
con los discípulos de Bill Evans.

Lo encontramos en la esquina de Pueyrredón y Santa Fe, sentado en la mesa de un bar y en la sola compañia de una tasa de café y sus inseparables compañeras de todos los días: esas hojitas llenas de pentagramas, que los músicos insisten en llamar con el nombre de «partituras» y que para el común de los mortales carece de significado alguno.
Absorto en su trabajo, como nos pareció entonces, no creímos oportuno interrumpirlo, de manera que decidimos esperar hasta que él se diera cuenta de nuestra presencia.
No tardó mucho, por cierto, en levantar la vista y descubrirnos, señal que indicaba el fin de su labor. La pregunta surgió sola, quizá más a título de curiosidad que otra cosa, y la respuesta no se hizo esperar:

—Estaba revisando unos arreglos para orquesta sinfónica, que acabo de hacer en estos días. De paso mataba el tiempo, porque me falta una hora para encontrarme con el representante de una compañía grabadora por el tema del disco que grabé en Estados Unidos.

—¿Qué grabaste en Estados Unidos?


—Se trata de un larga duración de música netamente argentina (aunque los tradicionalistas no crean lo mismo) y está compuesto por una mezcla de ritmos que alternan desde tango y milonga hasta chacarera.

—¿No es una mezcla un tanto inusual?

—Sí, desde luego. Justamente lo que yo busco es salir de los convencionalismos y eliminar todo lo que esté trillado, para lograr formas nuevas, ya que la música de Jorge López Ruiz siempre tendió a evolucionar, y pienso que al público norteamericano y a los mismos músicos que me acompañaron esto los atrapó en cierta medida, dado que el flautista Steig y otros que no tenían pensado intervenir, se unieron a la grabación en forma espontanea cuando escucharon mi música.

—¿Quiénes te acompañaron en la grabación, aparte de Steig?


—Me acompañaron el baterista Carlos Lapouble y los pianistas Carlos Franzetti y Jorge Dalto, músicos argentinos actualmente radicados allí. Intervinieron también algunos músicos norteamericanos como Lew Solofft (trompeta), Antony Jackson (bajo eléctrico), Ray Barreto (percusión latina), Fred Lipsius (saxo tenor), Eddie Gomez (bajo) y el ya mencionado Jeremy Steig en flauta. Estos dos últimos son ampliamente conocidos allí a través de sus grabaciones con Bill Evans, mientras que Lipsius es una figura de fama del grupo Jazz-Rock «Blood Sweat and Tears».

—¿Es posible que el disco llegue hasta nosotros, o se quedará en Estados Unidos?

—Está prevista su distribución en E. Unidos y en el mes de abril estará en la Argentina.

—¿Es tu primera incursión en un país extranjero?


—No, algunos de mis discos anteriores se han difundido en E. Unidos con buena acogida, aunque ésta es la primera vez que mi música despierta una reacción tan cálida y franca entre norteamericanos.

—¿Cuándo hiciste tu primera grabación allí y qué diferencia apreciable hay con la actual?


—Bueno, en realidad mi primer disco se editó allí en el año 1976, pero se trataba de una grabación hecha con anterioridad aquí en el país (precisamente en el año '69) y, además, era netamente de jazz. Por lo tanto no se puede comparar con lo que hice ahora, que fue justamente introducir música argentina en un país donde no se la conoce y con el apoyo de músicos de ese país, para los cuales fue realmente una nueva experiencia.

—Dado que tu música (que ya podríamos llamarla nuestra) ha despertado tanta expectativa allí, ¿no has pensado sacarle provecho haciendo recitales en ese país?

—Si, es posible que vuelva a viajar para reunirme con los mismos músicos que me acompañaron, y pienso que la producción de mi disco puede ser el primer paso para entrar al mercado norteamericano con música nuestra. Pero lo que más deseo (y lo veo factible) es hacer una temporada aquí con músicos de Argentina y E. Unidos. Si eso se da, se lo tendré que agradecer a Palito Ortega, que es el productor de este disco y uno de los empresarios argentinos que están haciendo mucho y bueno por nuestra música.


—Sin que con esto creas que pretendemos remover tu pasado, ¿qué quedó del Jorge López Ruiz arreglador de Sandro?

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Se queda un momento pensativo, me extiende un paquete de cigarrilos y pide otra vuelta de café. Luego, con la firmeza de quien dicta una sentencia, afirma:

—Mi época con Sandro es una etapa superada. No niego que gracias a ello creció mi fama como músico, pero el Jorge López Ruiz de hoy está para otras cosas. Yo creo que hay una enorme diferencia entre el músico de hace diez años y el actual. Ya no me interesa hacer arreglos para cantantes ni soy músico de jazz, como cree la mayoría.

—¿Qué sos entonces?

—Soy un músico argentino que hace música argentina. Si fuera músico de jazz, no habría ido a Norteamérica a grabar música argentina; hubiera aprovechado la oportunidad de tener a mi lado a esos "monstruos" del jazz, como Fred Lipsius y Antony Jackson, haciendo la música de ellos. Pero como soy músico por sobre todas las cosas, consideré conveniente difundir lo nuestro, a despecho de los tradicionalistas que dicen que esto no es tango ni folclore y que, por lo tanto, no es argentino.

—Si no es tango, ni folclore, ni argentino, ¿qué es entonces?


—¡Es argentino, por supuesto!... Es que no se dan cuenta de que no necesariamente tiene que ser el tango tradicional o el folclore típico. La música va evolucionando y ésta tal vez sea una corriente nueva, pero la hicimos nosotros y, por lo tanto, es argentina. Pero si continúan con esa absurda teoría, tendrían que decir entonces que Piazzolla no hace música argentina y eso sería ridículo.

—Sin embargo, Piazzolla fue y sigue siendo cuestionado en ese aspecto, porque se dice que su música no es tango.

—Pero es música de Buenos Aires, con sabor a Buenos Aires. No será el tango de Gardel; no será el tango que buscan los conservadores de nuestra tradición, pero es nuestra música. Llamémosle entonces música de Piazzolla, y llamémosle finalmente música argentina.


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Hace una pausa, apura su café y pide la cuenta. Consulta su reloj (es la tercera vez que lo hace) y eso significa que, inevitablemente, la nota llega a su fin. Creemos que el tema da para más, pero bien cierto es aquello de que "el tiempo es un tirano" y Jorge López Ruiz lo acaba de demostrar fehacientemente. Nosotros presentimos que, de ahora en más, Estados Unidos logrará atraparlo como nunca y tal vez se lo esté robando poco a poco con el éxito que le llega desde allí. Y aunque sabemos que él quisiera que su éxito estuviera entre nosotros, ya la suerte está echada y no podemos cambiarla. Entonces paremos y pensemos... Pensemos que al cerrar esta nota aún nos queda un consuelo y hay un lugar para el orgullo: el de saber que, una vez más, nuestro país se verá dignamente representado —esta vez en el campo de la música— por alguien que, en su condición de argentino, seguirá triunfando en otro país y tal vez piense que no es "profeta" en tierra propia, pero que al volver de otra gira, seguramente será recibido como lo que es: un argentino que obtiene y cosecha éxitos al difundir nuestra música en un país vedado para muchos de nosotros. Entonces, terminamos arribando a una sola conclusión: Jorge López Ruiz, aunque no lo crean, ¡es "profeta" en tierra propia!...

 

Carlos Reyna

(Nota original publicada en enero de 1980, en la revista «Esto es Argentina», de Buenos Aires.)


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