23 Poemas de Amor y una Plegaria


Hoy (Poema 1)
 
Hoy quise hallar
la verdad en tu mirada
,
Una lágrima resbaló por tus mejillas
e inundó mis pensamientos.

Y no supe qué decir...
Pero allí estabas
—la mirada aún más turbia que tus ojos—,
mortalmente acongojada.
Y tu sonrisa de otrora
—más pura que tu sonrisa,
más radiante que tu boca—
se dibujó en una mueca
de incierta y profunda burla.

 

Y no supe qué decir...
Pero allí estabas,
con tus ojos apagados
y la razón esquivada.
Y tu impiedad chapaleaba
como un náufrago en la espera
del madero milagroso.

Y no supe qué decir...
pero te dejé marchar,
dejando mis sueños rotos,
mis anhelos destrozados
y mi vanidad sin calma

Y no supe qué decir...


Buenos Aires, abril de 1974

 
Horas Lentas (Poema 13)
 
En esta tarde gris de lejanía
—de olvidos y de fiel monotonía—
tu ausencia se perfila palpitante,
trayéndome al compás de su armonía,
la inmensidad de un tiempo ya distante.

¿Será tal vez debido a la distancia...?
¿O es que persiste aún la resonancia
de aquel lejano tiempo transcurrido
entre los vanos sueños de mi infancia
y la certeza cruel de lo vivido?
 
 

Yo quisiera volver al calendario
del tiempo de mi viejo diccionario
y poder retener el minutero
de aquellas horas del amor primario,
que escapan con su ritmo verdadero.

Dejarme estar; vagar en la tibieza
de un tiempo sin fronteras ni tristeza.
Y hundido en una paz que me enternece,
de todo el universo y su grandeza,
¡tan sólo tu recuerdo me estremece!


Buenos Aires, abril de 1977

 
Versos a Graciela (Poema 14)
 
Estoy al fin sentado
a la sombra del camino,
donde el silencio es mi tiempo,
donde la luz es mi guía,
y las horas se me achican
cuando contigo estoy
aunque a mi lado no estés.
Y es porque encontré tus ojos
que me permiten reir y llorar
sin que el reir me avergüence,
sin que el llorar me atormente.


Es extraño, sí:
las horas se me achican
y, sin embargo,
me sobra el tiempo para quererte.
Y es que para quererte
no pesa el tiempo ni la distancia,
ni pierden hojas los calendarios,
ni se dispersan los sentimientos.


Sólo me basta buscar por dentro
y pronunciar un nombre...
y allí te encuentro,
ceñida a mi entendimiento
y a mis desvelos.


 
Mas hay en mí algo
que me hace eco constante
de los días eternos;
porque te siento en el viento,
en el sol que me cobija
y la brisa que me toca...
Tu presencia es luz y canto,
y tu ausencia sombra y llanto.

¡Qué no daría, entonces,
de mi vida y mi razón,
por poder llorar, al fin,
la alegría de saberme hoy
en tu nostalgia de ayer,
en tus ojos de mañana
y en tus anhelos de siempre!

Es extraño, sí:
las horas se me achican
y, sin embargo...
¡me sobra el tiempo para quererte!



Buenos Aires, abril de 1977

 
Tiempo de Otoño (Poema 15)
 
Hoy es tiempo de un ayer
que me vive desde siempre;
de un ayer que me nace
en cada cosa que no tengo:
una rama, una rosa, una estrella.

En la dorada alfombra del jardín
han quedado mis versos;
esos mismos versos que hoy,
en honor a tu recuerdo,
he ido recogiendo, uno a uno,
una vez más.

Ese tiempo aún me vive
desde largas ausencias encendidas,
y entre sueños enhebrados
bajo un cielo de ilusiones compartidas.

 
Aún recuerdo tus cabellos
coqueteándole a la brisa
de esa mañana de abril,
y tu boca soñadora
suspirándole a la luna
en esa noche infinita.

Pero todo pasa,
como pasa el viento entre las hojas,
y los sueños se disipan
cuando sólo han sido sueños.

El otoño se ha ido
y con él mis últimos versos...
Mas te aguardaré en cada otoño,
¡porque no hay otoño sin tu amor!



Buenos Aires, mayo de 1978

 
Veinte de Octubre (Poema 17)
 
Sí... hoy es veinte de octubre.
Poco importa que estemos en noviembre,
en diciembre o en enero.
Poco importa que la luna esté encendida
y las estrellas palpiten,
si mis días son vacíos
desde que mi vida vive
a sentencia de un recuerdo.

Si aunque estés a mi lado,
¡te siento tan lejana!...
Y aunque tus ojos me miren
y tu sonrisa respire,
¡te siento tan ausente!...
Tan ausente como si hubieses muerto.
Y es por haber tenido la certeza de quererte
y la amarga angustia de saber que no eres mía.
 
No reniego de tu vida,
ni rechazo tu cariño; no lo temas.
Si has querido ser mi amiga, no te culpo.
Y si alguna vez mis labios tiemblan
de emoción cuando te acercas
y mis ojos se encienden
al contacto con los tuyos, no te asustes:
es mi amor que te guía
a cada instante
.

Mas ahora, poco importa
que estemos en noviembre,
en diciembre o en enero;
hoy... ¡hoy es veinte de octubre!


Buenos Aires, noviembre de 1979
 
Soneto a la Vida (Poema 21)
Cuando la noche inquieta me cante su quimera,
y no arda en mí la llama de alguna vieja herida,
me acostaré en el filo de la doliente espera
y dormiré en el sueño del viaje de partida.

Cuando no suene el eco de la pasada gloria
y ya no quede nada, ni el llanto ni la risa,
me perderé en el canto sutil de mi memoria
y dejaré esta vida con mi mejor sonrisa.

 
Resurgiré en el cauce de nuevas alegrías,
—dejando mi equipaje de viejas agonías—
sin tiempo ni distancia, sin forma ni envoltura.

Y habrán quedado amigos, pasiones y enemigos
—recuerdos y nostalgias que no tendrán testigos—,
en esa vieja ruta de insólita locura.



Buenos Aires, mayo de 1984

 
Soneto a Mercedes —Ciudad Natal— (Poema 23)
 
Estoy desnudo en tu perfil andado,
con la mirada hundida en cada objeto
y la sonrisa erguida en el inquieto
y nastalgioso espejo del pasado.


Me basta el día apenas empezado;
el eco roto en un zaguán inquieto;
tu calidez dormida en un soneto;
tu proverbial acento inescrutado.

 
 
Y detener mi sed de cosas nuevas,
penetrando tu impar fisonomía
—y en tus ojos intactos me renuevas—.

Y revivir tu clara geometría,
tu antiguo barbotar de voces nuevas,
en el brote senil de mi poesía.


Buenos Aires, junio de 1984

 



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