JOSE SANTOS CHOCANO
Perú (1875-1934)

Nacido en Lima, llevó una vida turbulenta y azarosa, movido por el ardor con que defendió sus más caros ideales, lo que le costó en alguna ocasión la carcel.
Se inició en el camino literario cuando predominaba en la poesía castellana un romanticismo gastado y decadente. Su primera producción no escapa a estos designios, pues va cargada de un énfasis declamatorio de pautas arrebatadas. Sin embargo, al promediar su vida, su obra toma un giro modernista con un tono de justicia social y un vigor incontenible, anunciando así su inevitable destino de "Cantor de América", nombre con el que fue bautizado por las generaciones posteriores.
Aunque viviera lejos de su patria y tantas veces la olvidara o renegara de ella, es considerado el poeta por excelencia del Perú, merced a sus exquisitas evocaciones de la tierra peruana.
Entre la nómina de sus libros publicados se destacan: "En la aldea" (1895), "El canto del siglo" (1901), "Alma América" (1906) y "Poemas del amor doliente" (póstumo, 1937).
Murió asesinado en Santiago de Chile, en 1934.
 

TROQUEL

No beberé en las linfas de la castalia fuente
ni cruzaré los bosques floridos del Parnaso,
ni tras las nueve hermanas dirigiré mi paso:
pero, al cantar mis himnos, levantaré la frente.

Mi culto no es el culto de la pasada gente,
ni mes es bastante el vuelo solemne del Pegaso:
los trópicos avivan la flama en que me abrazo,
y en mis oídos suena la voz de un continente.

Yo beberé en las aguas de caudalosos ríos,
yo cruzaré otros bosques lozanos y bravíos,
yo buscaré a otra Musa que asombre al Universo.

Yo de una rima frágil haré mi carabela;
me sentaré en la popa; desataré la vela;
y zarparé a las Indias, como un Colón del verso...

José Santos Chocano



LA GLORIA DEL PROCESO

Don Miguel de Cervantes me prestará su pluma,
para escribir mi nombre debajo del proceso.
Quien me enseñó su idioma, me enseñará a estar preso:
también quiso abrumarlo la pena que hoy me abruma.

Insinuará él razones de sutileza suma
y aguzará ironías contra el destino avieso;
así, sobre las olas de mi iracundo acceso,
se mecerá su risa como una flor de espuma.

Maestro de los siglos, me ayudará a ser fuerte:
el día en que los hombres quieran pesar mi suerte,
vendrá a mí esa figura caballerosa y alta;

y cuando el fiel severo del tribunal se exceda,
me tenderá Cervantes la mano que le queda
o arrojará a un platillo la mano que le falta.

José Santos Chocano



CANTO AL RIO MAGDALENA

Nadie supe que vieja caravana
resbaló por tus márgenes frondosas,
bebió en tus aguas y peinó con rosas
tu retorcida cabellera cana.

Hay en el culto de tu pompa indiana
sombras de héroes, espíritus de diosas
y ecos de unas batallas fragorosas
que parecen venir del Ramayana...

En tu caudal de trágicas arrugas,
hacen temblar sus mallas los caimanes
y brillar su coraza las tortugas;

y en tu escudo ovalado y reluciente,
alrededor de un choque de titanes,
pone su monograma una serpiente.

José Santos Chocano


(Selección de «Los mejores versos de Santos Chocano», 1961)


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