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Periodismo
Sección 3: Editorales


La magia y el fino arte de un metro clásico poético

Arte y naturaleza del soneto

por Carlos Reyna


U
na vez alguien dijo que Petrarca había inventado el soneto para martirizar a los poetas.
En honor a la verdad, no puedo asegurar que ésto sea o no así, pero si puedo asegurar que alguna vez muchos poetas hemos llegado a martirizarnos con la lectura o el intento de elaborar algo que pudiera parecerse a un soneto.
Hoy debo decir que gracias a la formación que recibí sobre el tema,
esa tarea se me ha hecho mucho más practicable, sostenible y posible.

Y esto viene a que un día de otoño de hace muchos años tuve la suerte de toparme (en mi acostumbrada lectura diaria de los grandes clásicos de la poesía de todos los tiempos) con ese famoso soneto de Félix Lope de Vega, modelo antológico de lo que resulta y se entiende por soneto clásico, y que dice así:


Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

...........................................................................................................

Y ahí me saltó la gran duda: Si bien Lope de Vega en su soneto está definiendo claramente algunas de la reglas básicas de lo que debe ser un soneto, allí no está totalmente definido todo lo que debe observar su elaboración.

El expresa aquí claramente que son 14 versos, divididos en dos cuartetos y dos tercetos. Sin embargo, no establece la medida de los versos, que son endecasílabos (11 sílabas) y tampoco define las acentuaciones en la sílaba en que debe recaer la acentuación fuerte del verso (sexta o cuarta y octava) para que cada verso tenga el ritmo perfecto e inalterado.

Entonces un día yo me pregunté y también pregunté a muchos poetas conocidos si no era posible definir en los cortos 14 versos de un soneto todas esas reglas.

La mayoría me dijo que era una aventura casi imposible y por eso nadie se atrevió jamás a hacerlo.

En principio esa respuesta me dejó dolido, desanimado y con una cierta e inevitable frustración. Hasta que mi propio orgullo y cierto dejo de confianza en mis propias capacidades literarias, me empujaron a intentar el gran desafío.

Y para bendición de todos los cielos, dioses y santos de este universo infinito, no sólo salí airoso de tamaño desafío, sino que tuve mi gran recompensa cuando una editorial española incluyó ese y otros 8 poemas míos en una antología de 20 poetas de habla hispana.

Hoy siento que quiero y debo compartir ese bendito soneto (fruto de mi esfuerzo, paciencia y perseverancia), en agradecimiento a todos los que alguna vez confiaron en mis capacidades y me alentaron a seguir adelante.


NATURALEZA DEL SONETO

Difícil es el arte del soneto:
poner en once sílabas medida
—a efectos de la rima sometida—
y rematar en clásico cuarteto.

Al último cuarteto lo acometo
con paso firme y pronta arremetida,
y la ilusión intacta y encendida
de transitar hacia el primer terceto.

Se dice que en la sexta está el acento,
o en su defecto en cuarta y en octava;
será cuestión también de estar atento.

Pensando que mi suerte se agotaba,
el último terceto voy buscando,
y al fin catorce versos completando.


La Plata, Bs. As., 2 de abril de 2015


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