PABLO NERUDA
Chile (1904-1973)

Su verdadero nombre fue Neftalí Ricardo Reyes y ha sido, sin lugar a dudas, el más famoso y popular de los poetas chilenos contemporaneos. Nacido en un hogar humilde (en 1904), se inició de adolescente en el periodismo y saltó a la fama con sus "Veinte poemas de amor y una canción desesperada", en 1924. De allí en más, sus libros más celebrados fueron: "Tentativas del hombre infinito" (1925), "Residencia en la tierra" (1935), "Tercera residencia" (1947), "Canto general" (1950) y "Odas elementales" (1954).
La obra de Neruda ha transitado por varios carriles diferentes, por lo cual resulta practicamente imposible clasificarla dentro de una escuela o movimiento. De todas maneras, se podría decir que en su primera etapa (1924-25) se aprecia la influencia del romanticismo, o al menos hay alementos de una actitud romántica. Sin embargo, en lo que va de 1931 a 1935, su estilo se vuelca hacia la modernización de las formas en contacto con el surrealismo. Pero a partir de 1954, vuelve a tomar contacto con las cosas simples y sencillas de la vida.
De todos modos, la obra de Neruda se identifica por símbolos audaces, imágenes inesperadas, metáforas novedosas y una riqueza de vocabulario asombrosa. No adicto a las formas clásicas, ha hecho uso con notable maestría del verso libre.
Fue cónsul chileno en Rangún (Birmania), y luego pasó a otros destinos diplomáticos en oriente, Argentina, Europa y México. De regreso a su país, fue senador y se afilió al partido comunista. En 1971 le fue conferido el Premio Nobel de Literatura.
 

INCLINADO EN LAS TARDES

Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes
a tus ojos oceánicos.

Allí se estira y arde en la más alta hoguera
mi soledad que da vuelta los brazos como un
náufrago.

Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes
que olean como el mar a la orilla de un faro.

Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía;
de tu mirada emerge a veces la costa del espanto.

Inclinado en las tardes echo mis tristes redes
a ese mar que sacude tus ojos océanicos.

Los pájaros nocturnos picotean las primeras
estrellas
que centellean como mi alma cuando te amo.

Galopa la noche en su yegua sombría,
desparramando espigas azules sobre el campo.

(Poema 7 de «Veinte poemas de amor y una canción desesperada», 1924)



ME GUSTAS CUANDO CALLAS

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran velado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma,
emerges de las cosas, llenas del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con mi silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada,
tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
distante y dolorosa como si hubieses muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan,
y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

(Poema 15 de «Veinte poemas de amor y una canción desesperada», 1924)



PUEDO ESCRIBIR LOS VERSOS

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a los lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso; a veces yo también la quería.
¡Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos!

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo; sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca,
mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos
árboles;
nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, ¡pero cuánto la quise!
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro; será de otro, como antes de mis versos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
¡Es tan corto el amor y es tan largo el olvido!

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y estos sean los últimos versos que yo le escribo.

(Poema 20 de «Veinte poemas de amor y una canción desesperada», 1924)




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