MARGARITA ABELLA CAPRILE
Argentina (1901-1960)

Perteneciente a la llamada Escuela Romántica, su poesía se refleja en una filosofía de vida profunda. Su arte transita por temas sencillos como el dolor, la naturaleza y la religiosidad, con un lenguaje exquisito en belleza y armonía, dotado de giros y figuras de gran originalidad y sutileza.
Aunque ha escrito mucha poesía en verso libre de gran fuerza y caudal expresivo, la mayor parte de su obra se ajusta a las reglas clásicas (sonetos y cuartetos), donde el ritmo, la rima y la medida permanecen inalterables.
Entre sus libros más destacados se encuentran "Sonetos", "Perfiles en la niebla", "Sombras en el mar" y "Nieve"; todos ellos compuestos en diferentes metricas de estructura clásica.
Margarita Abella Caprille escribió también una cierta cantidad de relatos de viajes —tal el caso de "Geografías", por citar alguna de sus más difundidas obras literarias— y algunas novelas cortas de considerable éxito editorial.
Como muestra, aquí se transcriben cuatro sonetos: los tres primeros en verso alejandrino y el último en endecasílabos, según la notación clásica; todos ellos, de exquisita profundidad y belleza.
 

SONETO DE LA LIBERACION

¡Ah, perserse a si mismo por aceptar la vida
que a interpretar absurdos personajes condena!
Verdad se vuelven, tanto mentir sobre la escena,
las falsas actitudes y la dicción fingida.

Y el alma insospechada, muriendo inadvertida,
ahogada entre el tumulto que alrededor atruena,
llanto aprendido llora, ríe con risa ajena,
y porque otros pensaron su pensamiento olvida.

Pero yo he de ver libre mi nativo tesoro.
de adheridas escorias iré limpiando el oro

hasta arrancarle toda bastarda agregación.

Hollando sugestiones, romperé la maraña,
para salir del bosque de la opresión extraña
y encontrar el camino del propio corazón.

Margarita Abella Caprile



LA TARDE

Cielo de suaves tintas cuya gris resolana
platea y diafaniza la inmensidad del río.
El puerto, donde anclaron la neblina y el frío,
tiene una acongojada placidez cotidiana.

El agua cenicienta, del agua azul hermana,
resigna sus quietudes y consuela su hastío
ahora que la quilla salobre de un navío
le cuenta los prodigios de la hondura lejana.

Un resumen de patrias sobre los diques flota,
y mezcla el alma blanca de la nieve remota
al recuerdo del ocre relumbrón tropical.

Un vapor se despide, y en la tarde agorera

parece, al alejarse, que sin rumbo partiera
a un incierto destino misterioso y fatal.

Margarita Abella Caprile



LOS BARCOS

¡Qué prestigio los barcos que llegan de mil viajes
y apoyan su cansancio contra el muro del puerto,
la alta hilera de mástiles igual a un bosque muerto
que añora la frescura de imposibles follajes!

¡Cómo se saturaron de todos los paisajes
que vieron levantarse detrás del mar desierto,
anchuroso camino gloriosamente abierto
a sus proas sedientas de ignorados oleajes!

Muchas veces, flotando sobre aguas de cobalto,
una ola enroscada, con su soberbio salto,
los bautizó de hondura y los ungió de sal.

Duerme ahora la mole de sus cascos obscuros,
mientras la arboladura sueña con los futuros

resplandores purísimos de una aurora boreal.

Margarita Abella Caprile



EL VUELO

Ibamos, por la umbría de los pinos,
hacia un pedazo de la tarde clara,
antes de que en el cielo se apagara
la pira de los fuegos vespertinos.

Ya, de ninguna suavidad avara,
la paz llegaba en todos los caminos;
y eran los éxtasis del bosque finos
como una emanación fragante y rara.

Entre tanta quietud sin pensamiento,
nuestro humano pensar ¿fue acaso un viento
portador de quietudes ignoradas?

Porque, de pronto, se agitó el paisaje,
y hubo en la fresca hondura del follaje
un vuelo de palomas asustadas.

Margarita Abella Caprile


(Selección del libro «Sombras en el mar», 1945)



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