Poemas Hallados a la Vuelta de una Esquina



1 - Sinopsis

Yo sé que fue a la vuelta de una esquina,
donde errante mi alma peregrina,
ya presa de la mano del destino,
urgando sombras me empujó al camino.

Simiente de la vida fue mi canto,
que se ciñó al tamiz de un mudo llanto,
y fuente de dolor fueron mis versos,
que se trocaron en paisajes tersos.

Así prendí mi errar de mil matices,
bebido y aspirado en mis raíces...
Y aunque supe de escarchas y de inviernos,
nunca creí en endriagos ni en infiernos.

Hoy son mis versos luna amanecida,
silente rumbo que tomó mi vida,
y aunque erraba mi alma peregrina,
los encontré a la vuelta de mi esquina..

Buenos Aires, octubre de 1996


2 - Soneto a la ausente
(en memoria de mi abuela materna, María Elena Rapela de Bustos Berrondo)


Hoy su tiempo de ser ya se ha cumplido,
como se cumple el signo de la vida,
deshojando en su día de partida
el calendario apenas concluído.

Sin embargo su fruto ha renacido
en madurada savia florecida,
y ni la muerte pudo dar cabida
al canto de su verso enaltecido.

Yo sé que volverá como la aurora,
en cada voz que su silencio implora,
y será en mi jardín enredadera

y en mi balcón eterna primavera...
Volverá, como el sol de la mañana,
a despertar al pie de mi ventana.

Buenos Aires, setiembre de 1996


3 - Vivir

Yo sé que en cada instante
tan sólo hay un instante;
y sé que en cada espacio
habita un solo espacio;
y hay un solo silencio
que calla en el silencio.

No me hablen de pasiones
ahogadas en el viento,
ni de caminos hechos
a fuerza de fracasos,
ni de extinguir la llama
que aún no se ha encendido.

Que no es vida la vida
vivida en lo vivido,
ni hay llanto para el llanto
que aún no se ha vertido.

Yo fui todas la voces
lanzadas desde el eco
de mis antiguas voces,
y fui todos los pasos
andados en el rumbo
de mis futuros pasos.

Y por seguir la huella
de mis pasadas huellas,
y recorrer caminos
aún no recorridos,
se me olvidó el momento
de la certeza plena
de conocer mis rieles:
aquellos que transito.

¡Pero ya no más vanos dilemas!...
No más soles desteñidos de llovizna,
ni más días dibujados en el agua,
ni más niebla detrás de los espejos,
ni perseguidas sombras en la noche.

Sólo el instante de un instante solo;
sólo el cielo soñado bajo el mismo cielo,
y todo el tiempo de mi tiempo, ¡el tiempo!

Buenos Aires, noviembre de 1986




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