23 Poemas de Amor y una Plegaria



Veinte de Octubre (Poema 17)

Sí... hoy es veinte de octubre.
Poco importa que estemos en noviembre
,
en diciembre o en enero.
Poco importa que la luna esté encendida
y las estrellas palpiten,
si mis días son vacíos
desde que mi vida vive
a sentencia de un recuerdo.

Si aunque estés a mi lado,
¡te siento tan lejana!...
Y aunque tus ojos me miren
y tu sonrisa respire,
¡te siento tan ausente!...
Tan ausente como si hubieses muerto.
Y es por haber tenido la certeza de quererte
y la amarga angustia de saber que no eres mía.

No reniego de tu vida,
ni rechazo tu cariño; no lo temas.
Si has querido ser mi amiga, no te culpo.
Y si alguna vez mis labios tiemblan
de emoción cuando te acercas
y mis ojos se encienden
al contacto con los tuyos, no te asustes:
es mi amor que te guía
a cada instante.

Mas ahora, poco importa
que estemos en noviembre,
en diciembre o en enero;
hoy... ¡hoy es veinte de octubre!

Buenos Aires, noviembre de 1979


Horas Lentas (Poema 13)

En esta tarde gris de lejanía
—de olvidos y de fiel monotonía—
tu ausencia se perfila palpitante,
trayéndome al compás de su armonía,
la inmensidad de un tiempo ya distante.

¿Será tal vez debido a la distancia...?
¿O es que persiste aún la resonancia
de aquel lejano tiempo transcurrido
entre los vanos sueños de mi infancia
y la certeza cruel de lo vivido?

Yo quisiera volver al calendario
del tiempo de mi viejo diccionario
y poder retener el minutero
de aquellas horas del amor primario,
que escapan con su ritmo verdadero.

Dejarme estar; vagar en la tibieza
de un tiempo sin fronteras ni tristeza.
Y hundido en una paz que me enternece,
de todo el universo y su grandeza,
¡tan sólo tu recuerdo me estremece!

Buenos Aires, abril de 1977

Soneto a la Vida (Poema 21)

Cuando la noche inquieta me cante su quimera,
y no arda en mí la llama de alguna vieja herida,
me acostaré en el filo de la doliente espera
y dormiré en el sueño del viaje de partida.

Cuando no suene el eco de la pasada gloria
y ya no quede nada, ni el llanto ni la risa,
me perderé en el canto sutil de mi memoria
y dejaré esta vida con mi mejor sonrisa.

Resurgiré en el cauce de nuevas alegrías,
—dejando mi equipaje de viejas agonías—
sin tiempo ni distancia, sin forma ni envoltura.

Y habrán quedado amigos, pasiones y enemigos
—recuerdos y nostalgias que no tendrán testigos—,
en esa vieja ruta de insólita locura.

Buenos Aires, mayo de 1984


Soneto a Mercedes —Ciudad Natal— (Poema 23)

Estoy desnudo en tu perfil andado,
con la mirada hundida en cada objeto
y la sonrisa erguida en el inquieto
y nastalgioso espejo del pasado.

Me basta el día apenas empezado;
el eco roto en un zaguán inquieto;
tu calidez dormida en un soneto;
tu proverbial acento inescrutado.

Y detener mi sed de cosas nuevas,
penetrando tu impar fisonomía
—y en tus ojos intactos me renuevas—.

Y revivir tu clara geometría,
tu antiguo barbotar de voces nuevas,
en el brote senil de mi poesía.

Buenos Aires, junio de 1984


Soneto a la Música (Poema 20)

De pronto me encontré con tu tibieza,
sin forma ni color, pura intangible;
y allí estabas, radiante, imprevisible,
poniendo fin a mi virtual pobreza.

Y del teclado fiel de tu nobleza
—donde no cabe el mundo, imperceptible—,
surgió vivaz, perenne, indestejible,
el velo sin igual de tu grandeza.

Y en un vagar total de mil sonidos
—donde no cabe el tiempo ni la historia—,
se me escapó el dolor de tiempos idos.

Y entre tus cuatro espacios de victoria,
viajar como torrentes embebidos,
y renacer en ti, ya sin memoria.

Buenos Aires, mayo de 1984



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