23 Poemas de Amor y una Plegaria


Amigo (Poema 12)

No creas, amigo mío,
que por haber llenado mis días
con la savia incolora de tu rostro,
he de llamarte Amigo.

Porque has sabido quererme
sin pedirme que te quiera;
porque mis noches sin luna
han sido sombra en el alma
del sol de tus días;
porque no has tenido oídos
para escuchar de mi nombre
falsos sonidos que de negro pintan
los pinceles de la envidia:
por eso he de llamarte Amigo.

Porque me diste la esencia
que trae la imagen de Dios;
porque eres hijo del amor
—porque el amor es Dios—:
por eso he de llamarte Amigo.

Caballero sin escudo,
caballero sin espada.
Sin escudo, la verdad
delante de la mentira
Sin la espada que hiera
y un dulce licor que alivia heridas.

Me enseñaste a fundir
tu alma con la mía
y con El fundimos nuestros sueños.
Me enseñaste una sola amistad
la verdadera;
la que no admite
ni mal ni mejor amigo.
Por todo ello, simplemente,
he de llamarte Amigo

Mercedes (Bs. As), octubre de 1976



Versos a Graciela (Poema 14)

Estoy al fin sentado
a la sombra del camino,
donde el silencio es mi tiempo,
donde la luz es mi guía,
y las horas se me achican
cuando contigo estoy
aunque a mi lado no estés.
Y es porque encontré tus ojos
que me permiten reir y llorar
sin que el reir me avergüence,
sin que el llorar me atormente.

Es extraño, sí:
las horas se me achican
y, sin embargo,
me sobra el tiempo para quererte.
Y es que para quererte
no pesa el tiempo ni la distancia,
ni pierden hojas los calendarios,
ni se dispersan los sentimientos.

Sólo me basta buscar por dentro
y pronunciar un nombre...
y allí te encuentro,
ceñida a mi entendimiento
y a mis desvelos.

Mas hay en mí algo
que me hace eco constante
de los días eternos;
porque te siento en el viento,
en el sol que me cobija
y la brisa que me toca...
Tu presencia es luz y canto,
y tu ausencia sombra y llanto.

¡Qué no daría, entonces,
de mi vida y mi razón,
por poder llorar, al fin,
la alegría de saberme hoy
en tu nostalgia de ayer,
en tus ojos de mañana
y en tus anhelos de siempre!

Es extraño, sí:
las horas se me achican
y, sin embargo...
¡me sobra el tiempo para quererte!

Buenos Aires, abril de 1977



Destino (Poema 19)

Y aquí estoy, destino...
Otra vez sumergido en la ruta del mañana.
Porque habrá un mañana, ¿sabes?...
Y otra vez por el río de mi sangre
fluye la corriente pura y vertical
de mi pasaje hacia la vida.

Y aquí voy con mi pesada y vieja alforja
de ilusiones terminadas
y pasiones inventadas,
hacia el cruce horizontal de mi nostalgia.

Y me siento remontar
hacia la altura inmensa
de futura certidumbre.
Y hasta puedo reflotar
en el caudal extenso
de pasadas alegrías.

Pero aunque todo exista
y exista el nombre que me dio la vida,
no he de negar, destino,
que es con la noche
cuando muere el día.
Si sabes que soy el sol
que sólo quema en verano
y ella... ¡oh, destino!...
solo respira en el viento
y se nutre del invierno.

¿Entonces qué, destino...?
¿Me tendrás en el otoño
para dejarme incrustado
entre las dos estaciones?
¿O me dejarás volar
hasta que el sol del verano
me castigue sin piedad...?

Buenos Aires, mayo de 1984


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