MIGUEL HERNANDEZ
España (1910-1942)

Nacido en el seno de una familia de origen campesino, en 1910, fue un gran autodidacta y está hoy considerado entre los poetas más importantes de estos tiempos.
Escribió principalmente sonetos, empleando en ellos algunos recursos del llamado "superrealismo", y en forma insistente, exhuberante y apasionada, trató de expresar con fuerza las emociones humanas, en especial las suyas propias.
En verso publicó "Perito en lunas" (1933), "El rayo que no cesa" (1936), "Viento del pueblo" (1937) —sustentada por motivos bélicos y patrióticos— y "Canciones y romancero de ausencias", escrito en la carcel y publicado póstumo (1968). En teatro escribió "El labrador de más aire" (1937).
Al término de la guerra civil española fue encarcelado, durante la dictadura militar del Gral. Francisco Franco. Al igual que en el caso de Machado, una considerable parte de su obra fue musicalizada y difundida masivamente a través del disco por Joan Manuel Serrat.
Falleció en las cárceles franquistas, el 28 de marzo de 1942, como consecuencia de una tuberculosis de origen pulmonar.
 

¿NO CESARA ESTE RAYO...?

¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?

¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?

Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.

Está obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.

(De "El rayo que no cesa", 1935)



MENOS TU VIENTRE


PARA LA LIBERTAD

Menos tu vientre, todo es confuso;
menos tu vientre, todo es futuro,
fugaz, pasado, valdío y turbio.

Menos tu vientre, todo es oculto;
menos tu vientre, todo inseguro,
todo postrero, polvo sin mundo.

Menos tu vientre, todo es oscuro;
menos tu vientre, claro y profundo.


Miguel Hernandez
(De distintas antologías)
Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad, siento más corazones
que arenas en mi pecho dan espuma a mis venas;
y entro en los hospitales, y entro en los algodones,
como en las azucenas.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada,
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñaran aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida;
porque soy como el árbol talado que retoño:
aún tengo la vida
.

Miguel Hernandez
(De distintas antologías)




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