JOSE MARIA GABRIEL Y GALAN
España (1870-1905)

José María Gabriel y Galán nació el 28 de junio de 1870 en Frades de la Sierra, pequeño pueblo de la provincia de Salamanca que por aquellos tiempos formaba parte de Castilla la Vieja y en la actualidad es una de las nueve provincias que componen la autonomía de Castilla y León, en España. Allí recibió de su madre, doña Bernarda, convicciones profundamente religiosas, que fueron el resultado de sus primeras poesías.
En 1888 obtuvo el título de maestro de escuela, siendo destinado al pueblo de Guijuelo, distante 20 Km. de su pueblo natal.
Su extensa y valiosa obra resulta de una sorprendente y sublime sencillez, empleando palabras, frases y conceptos exentos de artificios y sofisticaciones, pero impresos de alta sonoridad y una muy cuidada rima que termina calando fácilmente en el entendimiento y el gusto popular. Su verso recorre una amplia gama de medidas que va desde el hexasílabo hasta el hexadecasílabo. Sus estrofas más usadas son el romance, el cuarteto, la redondilla, la quintilla, la sextilla y el serventesio. Sin embargo, no hizo casi uso del soneto, siendo sólo dos los que llegó a escribir en su corta vida. Sus poesías publicadas se agrupan bajo los siguientes títulos: "Campesinas", "Castellanas", "Religiosas", "Extremeñas", "Obras en verso y en prosa", "Nuevas Castellanas" y "Poesías de juventud".
Termina sus días el 6 de enero de 1905, con 35 años no cumplidos, a consecuencia de una pulmonía. La casa que habitara en vida permanece actualmente como museo; allí se exhiben los objetos personales más entrañables del poeta, junto con manuscritos y libros donados por sus descendientes.
En esta página se incluye uno de los dos únicos sonetos que forman parte de su obra.

ALMAS
(En la muerte del Padre Cámara)


Yo de un alma de luz estuve asido,
luz de su luz para mi fe tomando;
pero el Dios que la estaba iluminando,
veló la luz bajo crespón tupido.

Tanto sentí, que sollocé dormido,
y dentro de mi sueño despertando,
vi que el alma del justo iba bogando
por el espacio ante el Señor tendido.

Y, faro bienhechor, polar estrella,
la mística doctora del Carmelo,
desde una celosía de la Gloria,

—¡Ven! ¡Ven!— le dijo, ¡y la elevó hasta ella!
Entraron las dos almas en el cielo
y un nuevo sol brilló en el de la Historia.

José María Gabriel y Galán




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