LAURA GALLEGO
Puerto Rico

A pesar de haber estado a la vanguardia de las generaciones poéticas puertorriqueñas de los años 50' y 60' y ser una de las voces líricas más reconocida por las actuales generaciones, no se han podido recabar datos biográficos precisos sobre su vida y su obra.
Sin embargo, en una de sus antologías, de la cual se han extraído y seleccionado los poemas que aquí se transcriben, aparecen algunos datos de importancia referidos a su obra poética. Se sabe, entonces, que publicó su primer libro ("Presencia") en el año 1952. Allí reúne toda la poesía creada hasta 1950, en la que se descubre un sentir ingenuo, tímido y adolescente, con una notable y marcada influencia del romanticismo inglés, exentos de habilidad metafórica, pero de una exquisita dulzura y un lenguaje fino.
En "Celajes" (1959), reune toda la poesía alaborada en los años siguientes (1951 a 1953), en la que se despoja de todo sentimiento romántico, para dar lugar a un verdadero sentido estético de tono testimonial, donde el paisaje y el alma se unen en una sola comunión. Luego vienen otras obras sin datos de fecha de edición, pero sí de creación: "Almejas de tu nombre" (1954), "En carne viva" (1955) y "La red" (1956-1960), entre otras.
Dedicó gran parte de su vida a la práctica docente, ejerciendo como profesora de literatura en la Universidad de Puerto Rico.
 

SOLEDAD EN EL SUEÑO

Sigues como una estampa
enmudecido, lejos.
Tu voz de angel que sueña
alguna vez me alcanza,
pero el mar la devuelve
en rotornos azules,
y es un cadaver tierno
mecido por el agua.

Yo anhelo verte, verte,
y buscar en tus ojos
la infancia de los cirios
en júbilo de lágrimas.

Cercar tu cuerpo dulce
bordado por las sombras.
Aprisionarte en llanto
para que no te vayas.

¿No sabes? Ya mi cuerpo
despierta a la pregunta.

Mi carne es un orgullo
tenso de rosas altas.
Alguna vez la estrella
del corazón abierta
palpitará en tus manos,

y ya no habrá palabras.

(De "Presencia", 1952)



ENCUENTRO

Te conocí en la cima
de un íntimo silencio.
La flor de algún paisaje
se fue abriendo en tu boca.
de tu voz de celaje,
brotó la paz menuda
de tu alma remota.

Con rara unción, los cirios
del corazón prendieron
en lágrimas de oro
sus crisálidas rotas,
y fue un nacer de raros
cristales que enmudecieron
la solazul presencia
de una delicia ignota.

La flor desnuda, el mismo
perfume de tus ojos,
labró en frágil paciencia
esta emoción tan blanca.
Al alejarte, quedó
sin ilusión ni enojo,
con un sabor a cielo
prendido en la garganta.

(De "Presencia", 1952)




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