SOR JUANA INES DE LA CRUZ
México (1651-1695)

Su nombre en el siglo fue Juana Inés de Asbaje y Ramirez de Cantillana. Nació en San Miguel de Napantla, cerca de la ciudad de México, y fue llamada por sus contemporaneos "El Fenix de México" y "La Décima Musa".
En muchas de sus poesías muestra tendencias al culteranismo y, en especial, al conceptismo.
Es autora de "El divino Narciso", "San Hermenegildo" y "El cetro de José", todos libros autosacramentales. Escribió también comedias tales como "Amor es más laberinto" y "Los empeños de una casa".
Entre sus obras destacan, principalmente, "Primero sueño" (poema extenso de 975 versos, de cierto hermetismo y ardua lectura, pero tecnicamente perfecto) y "Respuesta a Sor Filotea de la Cruz", una biografía intelectual sobre la libertad de expresión y el derecho al conocimiento, particularmente de las mujeres, y de publicación póstuma (1700), siendo oficialmente el último de los escritos literarios de su autora y desencadenando uno de los asuntos sorjuanistas más debatidos por la crítica posterior.
Fue poseedora de una rica expresión y un lenguaje lleno de sutilezas, cultivando el verso clásico con un gran manejo del ritmo, la rima y la acentuación.
Entre sus poesías se destacan sus famosas redondillas, que exaltan la injusticia y la indiferencia del hombre hacia la mujer. Se han elegido éstas, precisamente, para dar comienzo a esta selección.



REDONDILLAS

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.

Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para prentendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el fervor y el desdén,
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os tratan bien.

Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.


Siempre tan necios andáis,
que con desigual nivel,
a una culpáis por cruel,
y a otra por fácil culpáis,

¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?,
¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?

Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

¿Pues para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis,
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

Sor Juana Inés de la Cruz



DETENTE SOMBRA

Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.

Sor Juana Inés de la Cruz





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