ANTONIO MACHADO
España (1875-1939)

Antonio Machado nació en 1875, en Sevilla. A pesar de ello, ha sido y sigue siendo considerado el máximo poeta de las letras castellanas. Su vida fue simple y profunda. Se dedicó a la enseñanza de la lengua francesa y, al igual que Juan Ramón Jimenez, entregó todo su tiempo a la poesía y a la meditación.
LLegó a ser miembro de la Real Academia Española. La obra poética de Machado es corta, pero de exquisita calidad. Poseedor de un estilo fudamentalmente lírico e intimista, caracterizado por un lenguaje sencillo, directo y emotivo, es quien mejor logró representar el paisaje natural de Castilla.
Algunos de sus más grandes poemas han sido musicalizados y popularizados con masiva difusión y acierto por el cantautor catalán Joan Manuel Serrat.
Entre sus mejores libros publicados en verso figuran: "Soledades" (1903), "Soledades, galerías y otros poemas" (1907), "Campos de Castilla" (1912) y "Nuevas canciones" (1924), de caracter intimista. En colaboración con su hermano Manuel, escribió obras de teatro como "Desdicha de la fortuna o Julianillo Balcarce" (1926) y "La Lola se va a los puertos" (1930).
Al final de la guerra civil (1939), se exilió en Coulliure (Francia), donde murió. Se lo recuerda como un hombre de gran calidad humana, sencillez, humildad y talento.
 

A UN OLMO SECO

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero*! Un muzgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hacia la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

(De «Poesías Completas», 1917)
 


RETRATO

Mi infancia son recuerdos de un patio de sevilla
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
mas recibí la flecha que me asignó Cupido
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre Jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno,
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna;
a distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
quien habla solo, espera hablar a Dios un día;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debeisme cuanto he escrito;
a mi trabajo acudo; con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

(De «Poesías Completas», 1917)
 



Queda prohibida la reproducción total o parcial del material publicado en este sitio sin previa autorización.
Reservados todos los derechos de los autores de las obras registradas en el mismo.

Desarrollo y Diseño Web: Carlos Reyna & RV2000